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  ALMA DE BLUES

White folks hear the blues come out but they don´t know
how it got there. They don´t understand
it´s life way of talking.

MA RAINEY´S BLACK BOTTOM. AUGUST WILSON

Del alma negra
mana un lamento
que desgarra la nuestra,
que mata
y da vida.

Pero, ¿cómo entró allí?
¿cómo se hizo llanto,
se transformó en
queja, en rebeldía,
en compromiso,
cómo apeló a la esperanza
unió a gentes y
a pueblos
y explicó tan bien
la vida?

No te preguntes y
piensa:
imagínate
arrebatado de tu
tierra y de tu
tribu,
transportado como un
animal salvaje
en una semana infecta,
encadenado a tus
hermanos, a extraños
que hablan otras
lenguas pero
gimen
lágrimas universales,
gritos callados
de dolor y rabia,
los mismos que a ti ni
te salen, los que tú
ahogas en tu corazón.
Ahora te subastan,
te exhiben
en el mercado,
te separan
de los tuyos y
te hacinan, de nuevo,
en barracones en los que
malvives,
malcomes,
malduermes,
malamas;
te obligan a
aprender una
lengua hostil,
a olvidar tu nombre,
a ser sumiso a fuerza
de golpes,
a acostumbrarte a que
violen a tus mujeres,
a que te separen
de tus hijos,
a que te
humillen
y te arrebaten la
poca dignigdad que
te queda.

Y pasan los años,
y llega la “libertad”,
que te ata  a una tierra
que no es tuya,
a un nuevo “amo” al que
tienes que pagar con
tu trabajo, el que antes
te daba poco de comer
y ahora siembra el hambre
en tus hijos
arrebatándoles el pan
para engordar
a los muchos nuevos
“masas” que surgen
por doquier.

Y si no puedes cumplir con
tus obligaciones de
“hombre libre”
te apresan de nuevo
llega el Joe Turner de
la canción, oh Lord!
con 40 eslabones en su cadena
y caza a tu hombre,
y se lo lleva…

O unos encapuchados,
orgullosos de su (mala) sangre
y de su (puta) raza
se amparan en la masa,
en la oscuridad,
en su cobarde
rostro cubierto,
para privarte de tu
familia, para arrastrarte
hasta el árbol de la
muerte, y convertirte en
el “extraño fruto”
que aullaba Lady Bird.

Y el nuevo desarraigo,
el exilio al gueto del norte,
la lucha por la supervivencia,
el fin del prometido
“sueño americano”
que esperabas cuando
subiste a ese
“A Train” que
te llevaba a Chicago, a
Pittsburgh, a
New York…
Y mientras, la
segregación en el sur
deja que Bessie Smith
se desangre en la puerta
de un hospital
para blancos,
se impone en las escuelas,
 en los transportes
públicos, en
los bares, en los cines…
aunque la desigualdad no es
extraña en el resto
del país.

Y cuando detienen
a una pobre modista
que cansada de todo un día
de trabajo
se niega a cederle su asiento
a un blanco, empieza el principio
¿del fin?
No, tan sólo
de la lenta lucha,
de la protesta,
apenas musitada en sus primeros
momentos, gritada
a los cuatro vientos
después,
del nacimiento del
africanismo,
del reconocimiento de
la belleza de lo negro,
del orgullo del puño en alto
en el podio de los juegos
olímpicos,
de la admiración hacia ese
negro guapo y
soberbio, con
un gancho de oro, que renunció a
su nombre de esclavo, se negó a
ir a una guerra que
no era la suya y
contribuyó a
cambiar el mundo.

Y después de todo
esto, y de saber
que la droga ha
acabado con miles
de vidas negras en
las últimas décadas,
y que más de la
mitad de los niños
negros viven
en familias
monoparentales
porque sus padres
arrastran sobre sus
hombros la pesada
carga
de la impotencia de
siglos que ha anulado,
en gran medida,
su capacidad de
sustentar a una familia,
y que los presos
negros no cuentan
con un juicio justo,
y que pasear de noche
por un barrio blanco
convierte en un negro
en potencial
delincuente y en
más que probable
diana de las balas
de los defensores de la
“paz y el orden”…

Y después de todo esto,
¿no sabes cómo entró
el blues
en el alma negra?
Mírate de nuevo, hurga en tu
interior,
y si aún así, no lo entiendes
yo escupo
en tu rostro pálido, en
tu corazón de
piedra, en tu
sangre
de horchata,
y te insulto, y te
llamo “blanco”,
“blanco de mierda”
“asqueroso blanco”,
y proclamo mi
negritud, y me
abrazo a mis
hermanos
negros, y pido a
los dioses africanos
que cambien el
color de mi piel;
y reniego de mi vida
de blanca y me aferro
a mi alma de blues
la única que puede
hacer que
todo el peso de la
culpa ancestral
heredada
salga de mi vida porque yo,
yo,
sí sé
cómo entró
toda esta lacra
en mí.

autógrafo

Arantxa Oteo



Gracias a todos ellos,
que me enseñaron a amar el blues
y a ser persona:

“Cuando al doblar una esquina
te encuentres a ti mismo
sabrás que ya no quedan
esquinas por doblar”

LANGSTON HUGHES


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Cachorro


La que camina entre leones, Arantxa Oteo. LapizCero Ediciones. Madrid, 2013. ISBN 978-84-92830-81-7